5 tipos de personas por las cuales la raza humana no debería haber sido inventada. Males de los innecesarios. Tipos de personas que compadezco y creo que en lugar de contribuir a la evolución nos atrasan unos 20 pasos. Plagas de la sociedad y del vecindario. Sujetos que nos ponen incómodos y que sabemos que tarde o temprano nos van a perjudicar de forma personal. En fin, molestos universales.

Personas que escriben o hablan de cierta manera para hacerte sentir poco inteligente. ¿A quién no le ha pasado toparse con uno de estos personajes? Tienen un título universitario que los traumó de por vida, o se leyeron toda la biblioteca San Martín. Se las saben todas o eso creen y necesitan demostrar algo del conocimiento adquirido ya que es la única manera de ponerlo en práctica en la vida real. No te dicen que se van a tomar el té, te advierten que tienen intenciones de prepararse una infusión de Camellia sinensis. ¿De qué otra manera demostrarían que saben el nombre científico del té? Te mezclan el español con palabras técnicas en inglés u otros idiomas…sólo para demostrar que manejan el idioma. En fin, buscan hacerte sentir como un tarado.

Lo increíble de estos personajes es que lo hacen deliberadamente a propósito, porque poseer esos conocimientos y tener esa capacidad de vomitártelos en la cara les hace creer nobles, convirtiéndote a vos en la plebe más plebe de todas las plebes.

Te obligan a abrir el Google en la pestaña de al lado para consultar que significan las palabras que están mencionando. Citan filósofos y teorías en cada conversación. Te meten la química y la genética en una charla y nunca te enteraste cómo ni a qué viene el caso. En fin, gente que disfruta de hacerte sentir un ignorante mediante el uso de palabras difíciles de más de 10 letras de largo y nombrando 4 o más de este tipo en una misma oración. Tardan media hora en presentarte una idea que podría haber sido presentada en 10 minutos con palabras prácticas y concisas. Se tatuarían a un Borges si esto no los convirtiera en solteros de por vida.

Hipócritas del reloj. Personas que además de lentas, son impacientes. Que un bocinazo por allá, que un empujoncito en un boliche, que un “pss” en la cola del banco para recordarte que la fila está avanzando… Densos e inoportunos. Gente que no sabe vivir la vida o únicamente no quiere dejar vivir a los demás. A la hora de apurarse son exactamente iguales a aquellos que los impacientan. Hacen de una vuelta a casa un ataque de pánico en plena calle San Martin y que un trámite se convierta en una discusión que te deja los pelos de punta. Los taxis son el ejemplo típico de lo callejero y el empresario con el celular en la mano el ejemplo de las colas para pagar. En los boliches suele ser la flaca alta cuasi modelo que es fácilmente derrotada de una zancadilla porque nunca aprendió a usar los tacos como corresponde.

Gente que puntúa defectos o problemas, pero nunca dan solución. Hay aficionados a los juegos de mesa, amantes del vino y están ellos, los que simplemente adoran buscarle el pelo el huevo a cada historia o situación que uno cuenta. Generalmente son familiares o amigos, que uno nunca entiende por qué sigue teniendo. Sus comentarios generan pequeñas electrocuciones en la frente y una ligera picazón en el traste. Uno se pregunta ¿porqué joraca, en este momento de mi vida, necesitan recalcarme cosas que obviamente no puedo solucionar? Cosas como “tenés un agujero en la remera” (la próxima vení con aguja e hilo a decírmelo); “no creo que haya gente que quiera ir a tu negocio” (decime que ves de malo así lo cambio y van); “y es que con tu personalidad nunca vas a feliz” (¿cómo debo ser entonces?); “dejaste el horno prendido” (entonces no me lo digas, apágalo); etcétera.

Muchas personas piensan que con esos comentarios te ayudan o colaboran al cambio, cuando en realidad te hunden aún más en el pozo sin darte una soga para que salgas. Es diferente decir: “la cañería está perdiendo”, a decir, “la cañería estaba perdiendo y llamé al plomero, dice que viene mañana” o en caso de no vivir en la casa ofrecer el número de un buen plomero…en definitiva, hay miles de maneras de colaborar.

Estos son los clásicos argentinos, personas que se quejan de todo y nunca salen a formar parte de nada. Clásico ejemplo: los enojados con el gobierno. Gente que busca el cambio pero en cada marcha se quedan encerrados creyendo que con hacer propaganda bastó. Al final se supone que la clase media es la más perjudicada pero si no se sale a la calle el gobierno sigue pensando que tan perjudicada no debe estar. Son los típicos que son capaces de marcar errores ajenos a una distancia de 10 kilómetros pero lo único que hacen es decir el error, nada más.

Gente que bardea por el simple hecho de bardear. Se excusan diciendo que ellos no afectan a nadie pero la mala onda te atraviesa la pantalla y te genera ese cosquilleo de enojo en todo el cuerpo. Leés o escuchás la bardeada y aunque no esté dirigida a tu persona apretás los dientes. Nadie entiende la razón, simplemente te molesta que la gente tire mierda al aire. Las personas que hacen esto tienen serios problemas de ira y frustración hacia sus propias vidas. Es casi el mismo ejemplo de los excluidos sociales. Ellos se descargan de alguna manera: drogándose, tirando tiros al aire o provocando. Lo que no entienden es que a los demás nos molesta ese insulto masivo o porqué nos molesta. Ya sea que creas en las energías o no, las malas ondas existen y son más contagiosas que un bostezo. El griterío y los insultos deberían ser recursos de último momento, no de todos los días. Creerán que es gracioso pero no, simplemente no lo es.

Gente más interesada en la vida ajena que en la propia. Con esto de las redes sociales se multiplican por mil este tipo de personas. Son capaces de pasar el día chusmeando muros y buscando crímenes donde no los hay ni los hubo. Son de esos que uno dice: “no tienen vida”, ni trabajo ni amigos al parecer. Antes era la vecina que se conocía todos los dramas del vecindario, ahora no hay edad ni sexo para estos personajes. Sorprende aún más la cantidad de hombres que se prenden en estas macanas hoy en día cuando solían mantenerse fuera del quilombo en otras épocas. El gran problema no es hablar de los demás, el problema es creer que se debe interferir porque algo anda mal. Ahí es cuando empieza el drama, porque terminan metiéndose en las vidas de los demás sin ninguna autorización previa y quizás empeoran algún problema existente o crean uno donde nunca lo hubo. Rial un poroto.

Lo feo de todos estos personajes que tanto molestan en nuestras vidas, es que todo vuelve. No es boludez de karma o budismo o vaya uno a saber que otra teoría religiosa, es un tema real. Te burlás del que se cae y a los días sino minutos te caés vos. Por alguna extraña razón pagamos por lo malo que hacemos, y por lo bueno también. Por lo tanto, estaría genial hacer un pequeño momento de reflexión y visualización interna, para ver si tenemos aunque sea un poquito de estos personajes adentro nuestro y cómo podemos intentar aportar de ahora en más…si queremos que el “todo vuelve” no nos pegue como cachetada el día de mañana.

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