Las mariposas en la panza, ese peso en el pecho y la aceleración de latidos que experimentamos al conocer al chico que nos gusta ya tienen una explicación científica. Diferentes estudios han estudiado al amor como una enfermedad, encontrando para todos los casos los mismos síntomas para esta hermosa enfermedad que a todos nos afecta al menos una vez en la vida: El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto). La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube. Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular. Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea. a1En definitiva, el amor no solo nos afecta a nivel físico sino que además hace bien a la salud. Como para seguir descubriendo de qué se trata este lindo sentimiento, hoy en día ya se pueden nombrar a las diferentes hormonas que están involucradas en el proceso del enamoramiento: Testosterona: regula el deseo sexual, sobre todo en varones. Estrógenos: regula procesos como la menstruación y ovulación de las mujeres. Endorfinas: la hormona del placer, responsable de la sensación de bienestar y euforia. Oxitocina: es la hormona que se secreta durante el orgasmo, además se vincula a aspectos sociales y de cuidados en el cerebro. Feromonas: relacionado con el olor de la persona amada y son las responsables de generara el deseo sexual. DHEA: afrodisíaco natural, responsable de determinar que una persona en particular nos atraiga. FEA: interviene en el amor a primera vista y responsable de la pasión y excitación, respondiendo a estímulos sexuales. Dopamina: provoca placer, adicción, alegría y euforia que caracteriza al enamoramiento. Es la responsable muchas veces de las conductas irracionales que se pueden cometer en nombre del amor. Serotonina: es la hormona que prevalece en las parejas estables, provocando la sensación de paz y tranquilidad.

Sabiendo todos estos datos, se nos cruza esta idea loca en nuestras cabezas: ¿Existirá acaso una pastilla que contenga estos químicos y pueda hacernos enamorar de alguien de un momento a otro? ¿Sería posible materializar la famosa flecha de Cupido en una inyección? ¿Y crear un remedio para hacer desaparecer un amor no correspondido? a2El investigador estadounidense Larry Young, del Centro Nacional de Primatología de la Universidad de Emory, luego de realiza numerosos ensayos afirma poder “desarrollar fármacos que disminuyan o aumenten nuestros sentimientos hacia los demás”. Para estudiar las reacciones cerebrales implicadas en el amor, Young ha trabajado con roedores, que son un buen modelo para las relaciones humanas porque “crean relaciones de pareja de por vida y crían a los hijos juntos”. De esta manera ha demostrado que este comportamiento es fácil de cambiar químicamente. En concreto, si se coloca a una hembra de rata junto a un macho y se le inyecta oxitocina, la misma se vinculará pronto a ese macho. Por el contrario, reducir los niveles normales de oxitocina provocará el absoluto rechazo de su pareja sin importar cuántas veces mantenga relaciones sexuales con él. En otras palabras, una sola dosis de la hormona adecuada puede alterar drásticamente las relaciones “amorosas” en estos mamíferos.

En cuanto a humanos, “algunos experimentos ya han demostrado que una inyección nasal de oxitocina aumenta la confianza y ayuda a entender las emociones de los demás”, escribe Young en la revista Nature. Ya en Australia se investiga actualmente cómo utilizar esta hormona en spray como apoyo a las tradicionales terapias de pareja. Por otra parte, recuerda Young, hay que tener en cuenta que el amor no se basa en una sola sustancia. Si chicas, el amor es complicado hasta en sus raíces químicas. Nos entra el miedo y pensamos: ¿Cuánto falta para que se de el caso en que una persona sea capaz de realmente “embriagarnos de amor” en contra de nuestra voluntad? Y rematamos con la genial frase del científico encargado de desenmascarar la existencia de esta posible poción de amor: “Y si eso sucediera, ¿nos importaría? Después de todo, el amor es locura”, reflexiona el investigador.

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