Si bien la universidad es tomada como un buen formador de profesionales, esto no asegura que todo el que logre recibirse de una universidad sea una genialidad de trabajador, ni tenga lo necesario para ser exitoso. Miles de chicos se egresan por año de diversas universidades y no todos ellos llegan a ser que se espera que sean.

No todo ingeniero logra ingeniar, no todo administrador de empresas logra administrar bien, ni un médico logra curar todo mal o enfermedad que se le presente. Para ser buen profesional se requieren (a mi forma de comprender el mundo) otras cualidades y capacidades que muchas veces no podemos adquirirlas mediante el estudio.

Muchas veces escuchamos a nuestros amigos, familiares o conocidos quejarse de la falta de éxito o reconocimiento en sus puestos de trabajo. Nos cuentan que ascienden a otros y no a ellos, que mejoran el sueldo de sus compañeros que hacen lo mismo que ellos; o se quejan de que los echan de sus trabajos sin motivo aparente. Uno tiene empatía (en distinta medida, pero la tiene) y escuchar estas cosas nos hace ponernos un segundo en el lugar del otro y logramos decir cosas como “qué embole” o “ya te va a llegar”.

Yo, que adoro poner en duda todo lo que camina, luego de realizar el comentario empático me pongo a analizar las causas de que a una persona “la golpee tanto la vida” o “le vaya tan mal a pesar de meterle tanto esfuerzo”. Así que bueno, reflexiono un poco sobre el tema, para ver qué actitudes son las que debe tener todo profesional para encaminarse bien hacia el éxito.

  • Distinguir amistad de compañerismo. No amiguismos. No existen, es “corta la bocha”. Una cosa que es clave de saber es que no es lo mismo un amigo como amigo, que como compañero de trabajo…y viceversa. Aquel que no logre diferenciar un amigo de un compañero de trabajo va a conseguir solamente hacer amigos, no mantener el puesto de trabajo. Quien sea tu compañero se comporta como amigo hoy, mañana no sabemos si las condiciones harán que se siga comportando igual. Muchas veces tendrás que responderle si es tu jefe o esa persona tendrá que responderte a vos. Otras tantas veces tendrán mucho trabajo y sólo uno de ustedes se pondrá el laburo al hombro. Es raro encontrar un grupo de gente en el que todos puedan pechar de igual manera y sean igualmente capaces de conseguir los mismos objetivos. Puede haber muy buena onda, confianza y muy buen entendimiento. Puede haber sentimientos e incluso relaciones personales, pero puertas afuera. Puertas adentro los amiguismos simplemente quedan mal. Nos hacen ver como personas incapaces de separar, de ser objetivos y de administrar recursos humanos.
  • Atención al detalle. ¡La vida se nos va en los detalles! Desde la prolijidad en un informe hasta en la redacción de un mail. Todo detalle puede llegar a definirnos como profesional. Sin faltas de ortografía, sin puntuaciones mal ubicadas, con los debidos espacios y colores. Y no sólo detalles visuales sino también detalles en cuanto a modales. Prestar atención a un detalle puede llevarnos 5 segundos. Arreglar un malentendido por falta de detalles puede llegar a costarnos un contrato o hasta el puesto de trabajo.
  • Proactividad. Y este es mi ítem preferido. Para el laburo y para la vida, la proactividad juega un papel fundamental que logra hacernos cruzar barreras súper híper mega importantes. La actitud proactiva es pararse de la silla a hacer eso que todos dicen que hay que hacer y nadie hace. Es salir de la zona de confort a diario y automáticamente destacarse. Es inspirar haciendo, no diciendo. Son tonteras muchas veces, como levantar el tubo del teléfono cuando nadie quiere atender, poner hojas en la impresora que todos dejan de usar porque no tiene hojas o llamar a algún servicio técnico para arreglar algo que todos saben que “hay que” arreglar y nadie arregla. Tontera…sí, pero nadie lo hace. Hoy en día es algo pequeño, posiblemente a futuro esa actividad te lleve a tomar responsabilidades grandes que nadie quería tomar con las que poder destacarte. Aunque no lo creas siempre hay alguien que estuvo mirándote mientras hacías en lugar de decir esa odiosa frase: “hay que”.
  • No creérselas demasiado, ni subirse en la nube sin haber pisado antes tierra firme. Para escalar la pirámide siempre hay que saber cómo es la base. Las montañas no se escalan desde la mitad para arriba. Las escaleras tampoco se suben empezando por la mitad. Para llegar hasta arriba, ya sea que hablemos del éxito en una organización o la cumbre de tu propia vida, tenés que aprender a vivir abajo. Yo entiendo que muchas profesiones arrancan directamente dirigiendo, sin saber cómo es esa base de la que yo hablo. Pero son los mejores profesionales, los mejores jefes, los que empezaron desde abajito “limpiando pisos”. Solo aquel que estuvo en esa posición sabe si el laburo está bien o mal hecho, sabe cuánto tiempo consume cada tarea y puede hablar realmente sabiendo. Es la mejor manera de conseguir que te respeten sin necesidad de tener que plantarte para hacerte respetar. Mejor aún si el que está arriba es capaz de bajar para ayudar, demostrar cómo se hace y luego subir de vuelta. Después de todo, los puestos son de algún modo ficticios ya que todos nosotros al final del día “cagamos igual”.
  • Responsabilidad. Suena demasiado conocido ¿no? Pero el concepto de responsabilidad es aplicable no solo al par de tareas que nos encomienden. Es hacerse cargo de cada acción, de cada palabra dicha y de cada decisión tomada. Así la decisión fuera solamente no hacer, no colaborar o llegar tarde. Tenemos que hacernos cargo de nuestro presente y nuestro destino, porque somos los únicos responsables de cambiarlo. Puede que haya demasiados obstáculos, que nos pongan mil piedras en el camino…pero siempre queda en nosotros el cómo logramos atravesar todo ello. Responsabilidad es no dejar en manos de otros nuestro propio destino, ni echar culpas al aire.
  • Seguridad y actitud. Sin creérsela, como dije antes, pero sin dudar demasiado. Si un profesional duda, ya está todo dicho. Hay que hablar de lo que uno sabe, y de lo que no se sabe simplemente…callar. Que el conocimiento (verdadero) sea nuestra arma de seguridad y nadie va a ponernos nunca en duda.

Existen mil aptitudes más que un buen profesional debe tener para dirigir su vida laboral a un lugar exitoso, pero aquellas que YO considero principales están ya expuestas.

Creo que lo más importante es empezar por dejar de echarle la culpa a todo lo que nos rodea de por qué nos va mal y empezar a pararnos con los dos pies bien apoyados sobre nuestra vida.

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