Nunca me gustaron las cosas fáciles. Si no hay retos no hay nada. Digamos que la vida me aburre cuando se pone monótona…fácil. Tampoco soy una persona que haya sufrido mucho ni que se haya tenido que sacrificar mucho. Quizás las cosas me hayan costado algo, pero las quería tanto que al esfuerzo lo sentí despreciable. Sí puedo decir que pequeños dolores me duelen mucho, por falta de costumbre a sufrir y a hacer sufrir. Pongámoslo de esta manera: intento equilibrar la felicidad de todos con la mía, y cuando alguien no piensa en mi felicidad y me hiere…me hiere mucho. Sacando esto último, no he padecido tanto. Simplemente creo que intento que me vaya bien y por algún u otro motivo las cosas…me salen.

La ley de atracción es algo que experimenté mucho tiempo antes de darme siquiera cuenta de lo que significaba eso. Nunca leí ningún libro al respecto. Para mí es solo saber qué cosas buenas le pasan a personas buenas o a aquellos que simplemente quieren en el fondo de su corazón que a todos también les ocurra lo mismo que a uno mismo.

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Ojo al piojo, no es que deseo algo, como viajar, y me aparecen miles de dólares en la puerta de mi casa con un ticket de avión. Tampoco la pavada. Las cosas se van dando y me van solicitando esfuerzo para lograr el cometido final, pero lo termino logrando. Así tenga que dejar amigos en el camino que no crean en mí, así tenga que dejar mi orgullo de lado para pedirle ayuda a mis padres, así tenga que dejar de salir de joda como hacen todos los chicos de mi edad para poder ahorrar para lo que deseo, así tenga que ponerme firme ante un superior…así tenga que luchar, lo hago.

Sin entrar en temas espirituales ni conflictos sobre creer o no en karmas o destinos, es algo completamente normal en mi mundo el desear algo con el corazón y lograr obtenerlo, o creer que puedo lograrlo con algo de mano de obra. La cosa es que en este punto de mi vida lo que más deseo con el corazón es viajar.

Mi país se opone a mis deseos. Me pone trabas y más trabas. Mi plata vale cada vez menos y por el mismo esfuerzo de hace un mes hoy tengo menos. Me impide lograr estos últimos sueños de vida que surgen. Pero aun así sigo creyendo que puedo o que algún día podré lograr mi sueño: ser una trotamundos.

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No es idea sacada de una película ni copiada de alguna otra historia, es simplemente un impulso de conocer más que Mendoza…más que Argentina. Mucho más. Es imaginarme en una cama paraguaya entre palmeras escuchando bossa y que se me ponga la piel de gallina. Es soñar con mercados árabes de especias, navegando entre flores de loto asiáticas e imaginarme a mí misma en un botecito llegando al muelle de alguna de las paradisíacas islas griegas. Es conocer su historia pero no de los libros, en carne propia. Es vivir su cultura: música, comidas y personalidad. Conocer gente y hablar distintos idiomas. Es una sed de tierra, agua y aire, en todas sus formas y presentaciones.

Siempre lo vi como extremadamente lejano, como algo que hacían las personas famosas con mucha plata o los jóvenes consentidos. Algo que yo nunca iba a poder hacer, ya fuera por el tema económico o por mi personalidad retraída. La cosa es que se puede, y que la personalidad ya la tengo. Luego de varias firmas en mi pasaporte definitivamente la tengo.

También el tema de ser soltera pesa en ocasiones. Te tira un poco el corazón cuando te sentís sola. Pero al planear un viaje me doy cuenta de que tengo otras prioridades, y que posiblemente la persona que me acompañe en mi camino sentimental quizás no comparta mi sueño de viajar. Es en esos momentos en los que me doy cuenta cómo llegamos al lugar en donde estamos y qué es lo que nuestro corazón realmente quiere. El mío puede esperar a su corazón gemelo, siempre y cuando se llene de postales.

Esta nota parece volar un poco entre temas pero en realidad tiene algo en común, es convencerlas a todos ustedes, solteros o casados, que hagan un viajecito solos. Viajar te madura y prepara para otra viaje muy importante: la vida.

Tomen mi consejo o déjenlo, pero nunca nunca…nunca dejen de soñar con el corazón. Nunca dejen de pedirle cosas al universo.

Tengan cuidado, se les puede cumplir.

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