El otro día, recordando a los dibujitos que veía de pequeña pude constatar que varios de esos dibujos/series/películas marcaron mi forma de pensar y actuar para el resto de mi vida.

Con marcar… ¿A qué me refiero? A eso que en realidad se llama descubrir y aprender. Esas cosas que de pequeñitos se nos van revelando de a poco, ya que nuestros padres muchas veces no tienen el tiempo para enseñarnos o la realidad es que tampoco sé si es algo que ellos nos deban enseñar. Por eso es tan importante la tele, porque cuando somos chicos somos como pequeñas superesponjas que absorben todo lo que entra por cualquiera de nuestros sentidos.

Nuestros padres no nos ponían frente a la tele para ver cualquier pavada, no era como ahora que hay sexo por donde se mire. Antes no nos dejaban ver cosas como Verano del 98 porque en ese momento se consideraba a eso como fuera de tono, imagínense compararlos con los Teen Angels donde todos con todos, todas con todas, etc. Ni hablar de La casa de los dibujos. Uno está almorzando a las 2 del mediodía y están dale que te dale mientras los niños también están viendo la tele y comiendo a esa hora.

Antes, los dibujitos eran lindos, didácticos y mucho más ingeniosos que los de ahora. Aprendíamos, nos maravillábamos y era una diversión sana. Aún así, no dejaban de afectarnos con pequeños episodios. Ahora sin más preámbulos, los momentos de tv/cine que marcaron mi vida:

  • Los Simpson: tremenda secuela la de estos personajes amarillos, pero yendo al grano, el momento que más me chocó fue el del espermatozoide con cabeza de Homero dentro de un episodio que fue lo más porno que a esa edad teníamos acceso. La idea creo que era visualizar la concepción de uno de los 3 pichones amarillos. La cuestión es que yo era joven e inocente, y todavía creía en la cuestión de la semillita (la cual ahora encuentro con una concentración gigante de doble sentido) y ese episodio sumado a una revelación de un compañero de escuelita de verano me traumaron. Mi compañero recuerdo que se rió a carcajadas cuando descubrió lo que yo realmente creía como fecundación, y entre risas me dijo algo acerca de un líquido blanco que nunca antes había escuchado y que en ese momento me resultó lo más horrible que la naturaleza había creado…Estaba tomando un Ades y lo escupí inmediatamente (imaginen hasta que punto me acuerdo). En fin, los años y la educación sexual de la escuela van completando el combo y todo no resultar ser tan terrible.

  • El autobús mágico: sin dudas este fue el dibujito más didáctico creado de todos los tiempos. Era genial, se hacían chiquitos y viajaban por lugares impensados como dentro de la comida, de las personas, etc. En este caso mi trauma fue el de comer chicle durante el capítulo en que viajan por el sistema digestivo. Yo sé que nos tratan de meter historias en la cabeza como la de que te crece algo en el estómago y demás, pero ver a un chicle como un iceberg en la panza del ruludo colorado, fue algo que me mantuvo lejos de los chicles por un par de años. Genial esta serie, ya que a pesar del momento del chicle, me hizo entender cómo funcionaban las camaritas que nos meten para los estudios de gastritis.

  • Bananas en pijamas: Nada peor que dos bananas enormes haciéndose los interesantes (o las interesantes, nunca supe cual era su verdadero sexo). Los odiaba profundamente pero por masoquismo los veía. Los dos personajes principales de esta serie me hicieron entender lo inútil que pueden llegar a ser la gente para encontrar cosas al alcance de la vista. Yo pensaba, ¡¿cómo se va a sentar sobre pintura fresca?! ¡¿cómo no encuentra al hermano si es una banana gigante vestida con un pijama horrible?! Y tanto fue mi odio, que me hice fanática en esa época de los licuados de banana y de la banana pisada, un mecanismo para asesinar a esos ignorantes aunque sea en la cocina.

  • Shin Chan: No creo que muchos de ustedes lo conozcan. Es un dibujito que tuve la oportunidad de ver en un pequeño tramo de mi infancia vivida en España. Nunca entendí como un dibujito de este tipo podría llegar a las mentes de los niños sin dejar alguna secuela. Se trataba de un niño de 5 años que se “encariñaba” con todas sus maestras y al que le encantaba mostrar su pilín apodado “trompa” mientras cantaba una canción sobre el tema. Si, un tanto sexópata el pequeñín, pero la verdad es que era tan graciosa la canción y el muñequito, que incluso se pintaba sus partes en forma de elefantito, que terminábamos todos viéndolo. Si prestan atención a la canción, van a notar que dice “qué pedazo de trompa, trompa, trompa…”. ¿Cómo me marcó? Y…me imaginaba a todos los chicos de mi primaria con dibujitos de animales en algunas partes corporales.

  • Ren y Stimpy: Nada bueno puede salir de ese dibujito. A ver, eran dos perros feísimos que hacían cosas desagradables y que tenían como superhéroe a un hombre-tostada del cual seguramente derivó Mr. Músculo. Me marcó específicamente el capítulo en que Ren tenía dolor de muelas. Fue tan gráfico el episodio, que me lavé los dientes de ahí en más dos veces al día, cosa que de pequeñina nunca hacía porque tenía un pacto con mi hermano para que el primero que se acostara mojara con agua el cepillo de dientes de ambos así mi mamá no nos agarraba in-fraganti.

No fueron los únicos dibujitos de mi vida pero si los más chocantes, de esos que luego uno recuerda como hechos que realmente formaron parte de nuestras vidas y que seguramente van a estar presentes a lo largo de nuestra historia.

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