Siempre, desde chiquitita y tengo uso de razón, recuerdo haber ingresado a la vida social…allá cerca del jardincito, y haber tenido dificultades con ciertas respuestas a ciertas preguntas que mis compañeritos me hacían. Algunas se basaban en porqué usaba calzas con vestido (marcaba tendencias), otras en cómo hacía para peinarme los rulos (no me los peinaba yo), y otras…más complicadas, cuestionaban mi apellido judío y en qué creía.

Cuando crecí y hasta ahorita en la actualidad, obtengo exactamente las mismas preguntas de la gente, sólo que ahora las sé responder mejor y la reacción de mis compañeros, amigos y/o conocidos es diferente. Sobre todo cuando a la última pregunta yo contesto: “No tengo religión, ni estoy bautizada”.

Ahí es cuando sus caras se desfiguran como si estuvieran frente a la presencia de un alienígena, después me cargan con alguna bromita sobre ser el anticristo, se me ríen algo en la cara y empieza una mini discusión y solicitud de explicación sobre en qué carajo creo. Además de pensar para mis adentros el tan previsible “que te importa” se me viene también el mismo versito de siempre, creado allá por el año 1998 más o menos y lo suelto rapidito para que el mal rato se pase con soda.

Y para explicarles mi posición sobre la religión, extiendo el versito y lo explico completito, sin intentar convencer a nadie de nada, solamente porque me entretiene mi forma de pensar y me gustaría ahorrarme preguntas y chistes sobre el temita del anticristo o si el agua bendita o entrar a una iglesia me hacen arder la piel como un vampiro al sol.

De sangre o familia soy ¾ judía y ¼ criolla/católica/cristiana o lo que sea. Mis padres al nacer decidieron no bautizarme, sino dejar el tema de la religión a mi criterio en un futuro. Creo en Dios pero no en ir a la iglesia. Creo en que Jesús existió, en los ángeles y en algún que otro santo, según vayan apareciendo las necesidades, pero aún así nunca tiraría un rosario o una estampita que me regalen de algún santo o virgen que no conozca. Tengo muchísimo respeto a las iglesias, sobretodo porque creo que más allá de las figuras que aparecen (en las cuales tampoco creo) hay mucha energía de la buena acumulada cuando toda la gente se junta a rezar, y eso me induce un gran respeto.

Creo en la espiritualidad y en las buenas o malas energías, no en ser religiosa. No creo que yendo un domingo por semana a la iglesia y confesándome se curen mis pecados o malas actitudes o acciones. Tampoco creo que otros mecanismos similares de perdón divino que estén contenidos en otras religiones. Para eso creo en el karma y en que lo malo te vuelve y lo bueno también. Mejor dicho, creo en mi consciencia, mi acción y mi palabra, no en una justificación de mi rutina. Siempre asocio al amor con la mejor de las mejores energías.

Creo en que hay que creer en algo, porque quién sea que nos haya creado nos hizo incompletos…y creer en algo llena ese vacío. Creo que los ateos tienen problemas por no poder llenar ese vacío, mi papá es ateo y siempre le recomiendo creer…en lo que sea.

Creo que las iglesias son empresas y que las empresas quieren ganar plata a costa de lo que sea. Pero también creo que a veces las iglesias son un buen lugar para que chicos sin camino puedan encontrarlo. Creo que las personas son imperfectas y corruptibles, y por ende eso son para mí los curas y las monjas, y su manera de vivir me parece antinatural y antievolutiva (yo, la creyente darwiniana) y por eso no acepto ninguna crítica sobre mi forma de vivir como personas de la iglesia, pero sí acepto sus críticas como personas a secas. Me caen bien los diáconos, me parece natural y sincera su forma de vivir la vida y sus creencias. Me casaría por iglesia o sinagoga o lo que fuere, pero por expresión de mi amor al otro, no a la iglesia en sí. Me casaría en una isla desierta en medio del triángulo de las Bermudas, y aún así creería que Dios estaría conmigo en ese instante.

Creo en las vidas pasadas y en las heridas que pasan a formar parte de la vida actual. Creo en la psicología y en la fisiología del cuerpo humano, pero creo que hay cosas que aún nadie puede explicar, como el aura de una persona, en la que también creo. Creo que todos nos conocemos ahora por una razón y que la vida está destinada pura y duramente a aprender algo que nos quedó en el tintero de una vida pasada. Se sobreentiende que creo en las regresiones y adoraría hacer una alguna vez.

No me gusta cuando alguien quiere convencerme de sus creencias religiosas. Lo siento como invasión de mis derechos a creer y freno esos cuestionamientos de toque. En realidad, ahora que lo pienso, tengo graves problemas con toda religión que dañe a alguien, ya sea psicológica o físicamente.

La biblia siempre me ha parecido interesante como libro de metáforas y enseñanzas, pero también lo veo peligroso…por eso mismo, por lo de las metáforas y como la gente las interpreta tan diferente unos a otros. No creo en Eva y menos en Adán, sobre todo lo corroboro cuando estudio el origen de los microorganismos y las evoluciones genéticas.

Creo en la sabiduría; en la libertad de ser y creer sin libertinaje; en vivir para saber vivir; en caerse para saber levantarse; en hacer a los demás lo que aceptás que te hagan; en los límites ajenos; en hacerse cargo de las macanas propias y no echar culpas al aire; en la metafísica y el poder de la palabra y el pensamiento; en la tolerancia como base de toda interacción; en que el camino de uno lo hace uno; en la ciencia y la capacidad del hombre; creo en mí, de a ratos. Pero por sobre todas las cosas creo en la imperfección del ser humano, y esto último es lo único que me da paz para vivir cada día.

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