Ya sea escapando de genocidios, crisis económicas o sociales, nuestros antepasados y presentes familias han buscado asilo en distintas partes del mundo.¿Qué ha hecho que nosotros, como humanidad en general, nos hayamos olvidado de este hecho? ¿En qué clase de seres nos hemos convertido, recelosos de aceptar a un ser humano en nuestra tierra, sin importar de qué etnia o clase social provenga?

Son momentos en los que la actualidad espanta. Se vuelve incomprensible el pensar en que nos olvidamos por momentos de donde venimos. Nos olvidamos de que estamos vivos gracias a algo tan natural y evolucionado como es el emigrar. Todos en algún momento lo necesitamos. Somos producto de una historia viajera, consecuencia de un vuelo o viaje en barco. Somos un apellido mal deletreado, una cara formada por miles de caras. Una sangre impura, no importa lo pura que la creamos.

Porque de algún ser original descendemos, llámalo Eva o Adán, tierra o agua; pero todos provenimos de la misma entraña: el universo. El milagro de que la química se transformara en biología. La divina causalidad.

Y nos dejamos llevar por una frontera, un límite ficticio creado por nosotros mismos. Un karma que a la vez que nos protege, nos desprotege de los peligros de nuestro mismo territorio.¡Pero qué lindo sería no tener límite alguno! Ni físico ni mental, para desarrollar a pleno nuestra naturaleza dedicándonos a lo único que vinimos a hacer acá: VIVIR. AMAR. CREAR.

Me atrevo a soñar… a pensar en un mundo sin trámite de pasaporte. Sin barrera de idioma o religión. Una hermosa expresión de la curiosidad, en donde podamos conocer sin ser prejuzgados. Un mundo como totalidad, no como conjunto de microterritorios autogobernados por el dinero y la burocracia. Un mundo en donde el pasaporte sea uno solo, en donde tengamos la libertad de creer en lo que queramos y disfrutar de un solo suelo.

Una utopía hoy, una realidad hace miles de años.

Y es que creo que el humano involuciona a cada minuto. Alejándose más de su naturaleza y acercándose más a una máquina, incapaz de sentir la empatía que nos impulsa a ayudar al de al lado. Intolerante, superficial, insensible. Un asco en fin…

¿Qué tiene que pasar o seguir pasando para que cambiemos? ¿Un reseteo mundial? ¿Una personita más, deshauciada al borde de una playa? ¿Una guerra más? ¿Un genocidio más?

Frustraciones al pararme a pensar en las banalidades de esta vida ya vendida…ya comprada. Dolor profundo y piel de gallina. Miedo visceral. Todo inspirado al ver la imagen de Aylan Kurdi

A no mirar para otro lado…

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