Habiendo ya terminado mi carrera universitaria, habiendo sobrevivido a toda crisis de parciales, finales y demás…Les traigo mis crónicas. Para todos los que quieran recordar “lo lindo” que fue o todos los que quieran sentirse un poco comprendidos en su vida universitaria.

Durante esta semanita, plagada de mucho estudio y estrés facultativo se me ocurrió razonar el porqué de dicho estrés, de las épocas con un humor de perros, de gastritis provocada por la “matorexia” (panza vacía + mates = retorcijones all day) y el síndrome del anabólico inteligente, que no sólo se inyecta esteroides sino también todas las otras fórmulas que entran en el parcial de orgánica.

La verdad es que la mayoría de la gente que te escucha quejarte del estudio piensa que no tenés idea de cansancio hasta que no trabajas, piensan que sos un vago que encima se queja de estar sentado todo el día en frente de un libro, tomando mate, tranqui y re cómodo.

Posta, el estudio te altera por muchas razones. Por internarte en clases de consulta, pasar días sin comer en tu casa, los horarios sin recreo alguno, estar con la cabeza a mil pensando en todos los resúmenes que hay que estudiar, y todos los resúmenes que todavía no terminaste. Pensar en las mesas de julio, de septiembre, del viernes que viene…y todo el tiempo que te falta. Soñar con la materia que estás por rendir y hasta resolver los problemas que despierto no podrías resolver.

Me dirán exagerada pero bue, así de mal nos hace el estudio a algunos. Ya no distinguimos si en el examen F o V es Fruta o Verdura, Frito o al Vapor…que se yo. Ves la consigna y la lees 5 veces y no ves como seguir, listo, te rendís y vas con el siguiente, es lo mejor que podes hacer. Terminás el examen con un calambre en tus manos llenas de manchas de lapicera, con corrector en la cara y entregás el examen mirando fijo al profesor y pensando: gracias por hacerlo tan jodidamente difícil, aunque en realidad no le decís nada, le sonreís y le decís gracias, por si te memoriza la expresión y te baja puntaje por portación de mala cara). En ese exacto momento pensás en el punto que dejaste sin hacer y lo resolvés en tu cabeza de repente…pero tarde, ya entregaste. Qué necesidad…

Y cuando salís, con los brazos bien relajados después de tanto guitarrear y la cara mirando al piso, pensás que nada va a levantarte el ánimo y te encontrás afuera a esa que siempre te tira mala onda y dice que le fue mal gritándolo como si por gritarlo le fueran a subir puntos. Por dentro vos pensás: ¡Vas creciendo vos! Y de forma exponencial, ahora en vez de ser una tarada normal,  sos una tarada al cuadrado…Cuando será el día en que la asíntota le pare el carro a la dolobu esa. Y si la mina mala onda se saca mejor nota que vos, querés extirparle las neuronas a ella y entregar las tuyas a un laboratorio donde las analicen y por lo menos contribuir a la ciencia de alguna manera.

Ojo que también está el que se las sabe todas, alrededor del cual todos arman un círculo adorándolo  y escuchando las respuestas correctas del examen. El dios del parcial te pregunta cómo te fue, que pusiste en el punto 5 y ¡no! El punto 5 se contestaba de otra manera… Ahora vas a soñar con el bendito punto 5.

Cosas que nunca hiciste, como tener que irte media hora antes a reservar un lugar que te permita ver la clase, ahora las hacés, para no terminar con tremendo dolor de cabeza por la letrita del pizarrón.

Los estudiantes pasamos por estas situaciones tantas veces al día y a la semana, rendimos tantos parciales, nos perdemos de tantas fiestas y tanta vida, que al recibirnos deberían darnos un antiácido y una asignación universal por parcial rendido; y ya me imagino la publicidad onda “porque yo lo valgo” pero meneando cuadernos en vez de cabellera.

Fuente imagen: http://www.fondos7.net

Anuncios